Nadie puede verlo,
pues es invisible. Nadie
puede tocarlo puesto que,
a veces, ni siquiera existe.
Una vez tras otra te topas
contra él y aun así, no
temes volver a hacerlo.
Ese muro, que frena en
seco cada día todos tus
deseos. Ese muro, que
pese a no ser bandido
te lima por dentro hasta
dejarte diminuto. Ese muro
que golpea tu alma hasta
destrozarla. Sin darte siquiera
cuenta chocas, pero parece
que no te importa.
Quizás lo que hay detrás
te ciegue tanto que sea imposible
hasta ver lo inevitable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario